Las bajadas de tipos de interés del BCE y su verdadero objetivo

El pasado 2 de mayo oíamos a Mario Draghi anunciar que el BCE había decidido rebajar 25 puntos básicos los tipos de interés oficiales, dejándolos en 0,50%, el valor más bajo de la historia del euro. Las reacciones ante esta noticia no se hicieron esperar: subida del IBEX, bajada de la prima de riesgo y aplausos al presidente Draghi. Pero, ¿qué significa realmente una bajada de tipos?, ¿podrán empresas y ciudadanos pedir préstamos más baratos?, ¿realmente estimula la economía este tipo de políticas? En este artículo abordaremos todas estas cuestiones, aunque puedo adelantar que no será un análisis positivo.

Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo

Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo

Para analizar dicha política, recordemos que el Banco Central Europeo financia a los bancos privados de Europa (como el Santander o el BBVA) a cambio de un tipo de interés, el cual es utilizado por dicha institución para estimular o enfriar la economía (bajar o subir los tipos respectivamente). La lógica que sigue este tipo de políticas es que, al bajar el precio al que se financian los bancos, éstos bajen el precio al que financian a empresas y particulares, es decir, que los bancos privados trasladen el nuevo precio de los préstamos a la sociedad. El problema surge cuando, tal y como ocurre actualmente, dicha lógica no se cumple y los bancos privados ofrecen créditos (cuando los ofrecen) a un 9-10% y no al 0,50% fijado por el BCE. La explicación es bien sencilla: debido a la crisis, la tasa de morosidad de la banca (particulares que no devuelven sus préstamos a los bancos) ha aumentado hasta el 10,47%. Por ello, estos bancos se muestran reacios a asumir más riesgos, es decir, conceder préstamos baratos a una sociedad en plena depresión, por lo que enfocan sus inversiones hacia activos más “seguros”, como deuda soberana de países (bonos del estado). En resumidas cuentas, con dichas bajadas de tipos los únicos que salen beneficiados son bancos (se financian más barato) y estados (los bancos compran su deuda). En este punto cabe añadir que, aunque los bancos trasladasen el nuevo tipo de interés no sería una buena solución para la situación actual, ya que crearía una nueva burbuja igual que la que ha provocado esta situación, pero no es el objetivo de este artículo profundizar en este tema.

Ante la indiscutible realidad observada en la actualidad antes expuesta, cabe plantearse lo siguiente: si las políticas del BCE no se trasladan a la economía real, ¿por qué se llevan a cabo? Las dos explicaciones que parecen más lógicas son las siguientes: que Mario Draghi (presidente del BCE y banquero de profesión) viva aislado del mundo y no sepa lo que ocurre, o que dichas políticas “encaminadas a estimular la economía” en realidad busquen otros fines. Pues bien, efectivamente, el BCE es muy consciente del funcionamiento real de la economía, y si toma esas decisiones es por una clara y sencilla razón: el Banco Central Europeo no es una institución independiente, sino que está fuertemente influenciado por los intereses de los gobiernos europeos. Aclarado este importante punto, parece que la cosa tiene más sentido: a los gobiernos acreedores de Europa (como Alemania) les interesa que los países deudores (como España) obtengan financiación para poder pagar sus deudas, deudas que deberían pagar saneando su economía y no endeudándose aún más.

En conclusión, las bajadas de tipos de interés llevadas a cabo por el BCE no sólo no son buenas para una reactivación sana de la economía, sino que es lo peor que le puede pasar a nuestro país (sumido en plena crisis de deuda) ya que, lejos de promover las necesarias reformas que reduzcan la deuda pública, el BCE está incentivando que los estados se endeuden aún más manteniendo el modelo intervencionista y de estado implantado en Europa, una Europa muy alejada del libre mercado y el capitalismo (contrariamente a lo que muchos piensan).

Autor: Miguel Martín Llorente

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Bitcoin, ¿la moneda del futuro?

Economía e ingeniería informática se unen en Bitcoin, una nueva moneda electrónica que cada vez está ganando más protagonismo en el mundo actual. En este artículo veremos qué es, cómo funciona y analizaremos las consecuencias macroeconómicas derivadas de su implantación en la economía.

Bitcoin

Bitcoin fue creada en 2009 por Satoshi Nakamoto (pseudónimo que oculta la identidad del creador) y está basada en un sistema P2P (peer to peer) que significa algo así como “de usuario a usuario”, es decir, es una divisa descentralizada que no está controlada por ningún autoridad central como estados, bancos centrales o entidades financieras, con lo que ningún organismo podrá utilizarlo como instrumento de política monetaria. Además, podrá usarse en cualquier lugar del mundo e intercambiarse por otras monedas como euros o dólares, como cualquier moneda. Otro punto clave de esta divisa es que se ha establecido un nivel máximo de Bitcoins situado en 21.000.000 que, cuando se alcance (se calcula que en torno al año 2140), no se podrá fabricar dinero y, por lo tanto, no habrá inflación, los ciclos económicos estarán controlados, y tendremos una economía estable y segura, tal y como ocurría con el patrón oro. Hasta ese momento, la creación de nuevo dinero será cada vez más difícil (como veremos a continuación), por lo que se disfrutará de una pequeña inflación controlada.

En cuanto a su funcionamiento, los pagos se realizan mediante transferencias electrónicas y chips especiales incorporados en tarjetas o dispositivos como el teléfono móvil. La propiedad de los Bitcoins se establece mediante un complejo sistema criptográfico que asigna un número personal a cada individuo, de manera que al realizar un pago a otra persona (o empresa), el código de los Bitcoins utilizados cambian, pasando a tener el código del receptor de la transferencia. Estas transferencias son validadas por los llamados miners (mineros), quienes tienen dos funciones: la primera es crear Bitcoins mediante el software específico para ello, y la segunda es validar transacciones. Por ambas funciones los miners cobrarán una cantidad, algo que parece lógico ya que gastarán recursos y tiempo en realizar ambas tareas. Cualquier persona del mundo que lo desee podrá ser miner, pero la fuente de sus ingresos variará con el tiempo ya que cuantos más Bitcoins haya, más difícil será crearlos (se crean mediante programas que resuelven complicados algoritmos matemáticos, cada vez más difíciles de resolver) y por lo tanto menos ingresos le reportará, pero por el contrario habrá más Bitcoins en el mercado y se realizarán más transacciones que tendrán que validar. Otro aspecto importante, es que también se podrán conceder préstamos en Bitcoins mediante una plataforma especializada para ello llamada “Bitcoin Tree”.

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Cotización Bitcoin/USD (pulse para ampliar)

En cuanto a su cotización, en los últimos meses se ha disparado, tal y como muestra  el gráfico (precio de un Bitcoin en dólares). A finales de 2012, un Bitcoin valía unos 13$, mientras que en marzo de 2013 su cotización ha llegado a superar los 90$/Bitcoin. Es por ello que muchos economistas consideran que nos encontramos ante una burbuja que aleja el precio del Bitcoin de su precio real (y probablemente lo sea). En cualquier caso, habrá que esperar a que su precio se estabilice para ver qué acogida real tiene entre los consumidores.

En conclusión, esta nueva divisa está despertando muchos intereses y, desde luego, posee importantes ventajas que es conveniente valorar. De hecho, la compañía Berwick ha anunciado que instalará el primer cajero automático de Bitcoins del mundo en Chipre. Veremos ahora si esta nueva tendencia coge fuerza y se convierte en la moneda del futuro o si se queda en un simple proyecto fallido, aunque muchos defienden que para que Bitcoin pueda cumplir su función estabilizadora de la economía necesita convivir con el actual sistema monetario. En cualquier caso, vayan familiarizándose con el término Bitcoin, pues parece que dará mucho que hablar.

Autor: Miguel Martín Llorente

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La burbuja estatal, la “patata caliente” de los gobiernos

Debido a la situación actual de la economía española, se habla de que el estado español no tiene dinero, que necesita financiarse con deuda externa pagando altos intereses, que necesita disminuir el déficit recortando gastos y subiendo impuestos o que el gobierno se desvía del objetivo de déficit. Pero, ¿cómo se ha llegado a esta situación?, ¿cómo se ha “contagiado” la crisis al estado? A continuación veremos las 3 burbujas económicas encadenadas que lo han provocado.

A partir de los años 2000 -2001, el Banco Central Europeo comenzó a llevar a cabo políticas monetarias expansivas, es decir, se bajaron los tipos de interés a los que se prestaba dinero a los bancos para que éstos pudieran conceder más préstamos a la sociedad. Estas políticas están bien cuando el tipo de interés lo fija el mercado mediante oferta y demanda (cuando el ahorro respalda el aumento de la inversión), pero este no fue el caso, ya que se manipularon artificialmente. Con ello, se incrementó de manera ficticia la demanda de dinero, dando lugar a la conocida como burbuja financiera. Con esa nueva facilidad para obtener préstamos, la sociedad española comenzó a endeudarse, sobre todo, para adquirir activos inmobiliarios (ahora más accesibles) provocando un crecimiento enorme del sector de la construcción absorbiendo un gran porcentaje del empleo del país, y dando lugar a la especulación con el precio de la vivienda, inflando el precio de este activo y alejándolo del real. Este proceso es la ya muy conocida burbuja inmobiliaria española. Durante este periodo, se creó una falsa bonanza económica transitoria que permitió alcanzar niveles altos de empleo (impulsado por la construcción) y que, obviamente, reportó unos altos ingresos al estado (muchos trabajadores cotizaban, consumían y pagaban impuestos). Este hecho provocó que el gobierno de Zapatero pensase (erróneamente) que se podían mantener unos elevados niveles de gasto público dado que los ingresos eran superiores, dando lugar a la tercera y vigente burbuja: la estatal.

Hasta ese momento todo parecía ir sobre ruedas, pero recordemos que todo ello estaba sustentado por un auge económico artificial e irreal que, obviamente, acabaría desmoronándose. Ese momento llegó cuando el precio de la vivienda tocó techo, ya que se dejó de demandar este activo pinchando la burbuja inmobiliaria y, por lo tanto, se redujo la demanda de créditos para adquirir dichos activos, pinchando la burbuja financiera. Con ello, se redujo drásticamente el empleo del sector de la construcción (el motor de la sociedad española) dando lugar a una elevada tasa de paro y, por consiguiente, una reducción enorme de los ingresos del estado (cotizaciones e impuestos). Como consecuencia, el estado se quedó con “el culo al aire”, ya que había aumentado el nivel del gasto público creyendo que podría mantenerlo y ahora se veía con unos gastos muy superiores a los ingresos. El problema de pinchar esta burbuja estatal fue que aumentar el gasto público es muy fácil para los políticos (los ciudadanos están contentos), pero reducirlo no lo es tanto, ya que tendrían que soportar el descontento de los ciudadanos (con vistas a las urnas, por supuesto).

Este proceso nos lleva hasta nuestros días, en los que los partidos políticos siguen sin pinchar la actual burbuja estatal pasándosela unos a otros como una “patata caliente” que ninguno quiere que le explote en las manos, manteniendo un nivel de gasto que no es sostenible por los ingresos, aumentando el déficit e impidiendo una recuperación económica real.

Autor: Miguel Martín Llorente

Publicado en  capitalempresarial.wordpress.com

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15 de agosto de 1971, el día que empezó la crisis

Como sabemos, una de las principales causas de la actual crisis económica ha sido que los bancos han prestado mucho más dinero del que debían y podían, aumentando la inversión sin que hubiese aumentado el ahorro de la sociedad. Este hecho ha sido posible gracias a la “inestimable ayuda” de los bancos centrales, que bajaban los tipos de interés de manera intencionada y no por requerimientos del mercado, facilitando dinero barato a una sociedad que no lo demandaba (no lo respaldaba el ahorro). Este proceso se conoce como expansión crediticia artificial, y es difícil saber cuándo se empezó a practicar ya que ha sido un proceso gradual, pero sí podemos saber exactamente qué día se permitió a los bancos centrales llevarla a cabo: el 15 de agosto de 1971. Tal día, el por aquel entonces presidente de Estados Unidos Richard Nixon, emitía un comunicado diciendo que se abandonaba el patrón oro, vigente desde el pacto de Bretton Woods en 1944.

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Richard Nixon, 15 de agosto de 1971

El patrón oro adoptado en el pacto de Bretton Woods establecía que todas las monedas del mundo estaban vinculadas al dólar, el cual a su vez estaba atado al oro, es decir, los dólares eran intercambiables por oro a una tasa fija. Al abandonar este sistema monetario, se adoptó uno puramente fiduciario, es decir, los billetes pasaron a ser simplemente papeles sin ningún respaldo de “dinero real”. A simple vista puede parecer un cambio poco significativo ya que los ciudadanos seguirían realizando sus transacciones con dólares de papel al igual que antes, pero hay una diferencia abismal e importantísima entre ambos sistemas: los billetes se pueden crear de la nada y el oro no, es decir, a partir de ese momento se podía “fabricar” dinero siempre que se necesitase. La razón que llevó a Nixon a abandonar el patrón oro (aunque no lo dijese explícitamente) fue la misma por la que se abandonó otras veces a lo largo de la historia, y es poder financiar guerras (en este caso la de Vietnam), ya que con el patrón oro no serían posibles.

Las implicaciones macroeconómicas de la existencia o no de un patrón monetario como el oro son muy importantes ya que, con él, el dinero total en circulación no se podría manipular ni crear al antojo de los gobiernos y sus políticos como ocurre actualmente, actuando como un sistema de control automático del gasto. Con ello, las oscilaciones de los ciclos económicos serían menores, es decir, las crisis serían mucho más suaves ya que el endeudamiento de la sociedad sería mucho menor permitiendo superarlas con más facilidad. Como consecuencia, tendríamos una economía más estable como la que se dio en el periodo de 1945-1971, en el cual no se dieron burbujas ni grandes crisis económicas como las que ocurrirían en las décadas siguientes.

Es fácil ver que la historia reciente hubiese sido muy distinta si hubiésemos conservado el patrón oro, ya que no se hubiesen podido dar las causas principales de la crisis actual, no se habrían podido financiar guerras como las de Afganistán e Irak, ni tendríamos unos políticos a los que le resultase tan fácil derrochar el dinero de la sociedad e incluso quedárselo. Por todo ello, son muchos los economistas que defienden que se vuelva a implantar el patrón oro como sistema monetario (en especial los de la Escuela Austriaca del pensamiento) para protegernos contra los ciclos económicos del futuro, que se prevén más fuertes dado que cada ciclo económico suele superar al anterior.

Autor: Miguel Martín Llorente

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El abismo fiscal y su “solución”

El pasado martes (2 de enero) oíamos a primera hora en todos los titulares que en Estados Unidos, republicanos y demócratas, habían alcanzado al fin un acuerdo de última hora que evitaría el llamado “abismo fiscal” que, de producirse, sumergiría a Estados Unidos y al resto del mundo (por el efecto contagio) en una nueva recesión. En este artículo veremos qué es el “abismo fiscal” y como se ha evitado.

¿Qué es el abismo fiscal?

El término “fiscal cliff” (abismo fiscal) fue acuñado por Ben Bernanke (presidente de la Reserva Federal de EEUU) refiriéndose a las medidas que entrarían en vigor el 1 de enero de 2013 si nada lo remediaba. Estas medidas consistían básicamente en fuertes subidas de impuestos, la mayoría de las cuales eran consecuencia del fin de las rebajas temporales de impuestos llevadas a cabo por George W. Bush en 2001 y 2003 con el objetivo de estimular la economía estadounidense en un momento de recesión provocada, sobre todo, por los atentados del 11S y el estallido de la burbuja de las “punto com”. A ello se le sumaría la expiración de otras exenciones fiscales transitorias creadas por Obama, como en el impuesto sobre la nómina o sobre el impuesto mínimo alternativo, entre otras. Además, a parte de todas ellas, estaba previsto que entrasen en vigor otras 5 subidas de impuestos creadas por Obama. Con todo ello, un estadounidense medio estaría obligado a pagar unos 2200$ más en 2013 que en 2012 a la hacienda pública.

A esta subida de impuestos iría unida una reducción del gasto público en defensa, en el Medicare (programa de cobertura sanitaria a mayores de 65 años, discapacitados y enfermos graves) y en subsidios por desempleo. De estos recortes, el más significativo sería el de los subsidios, ya que la cobertura a los desempleados volvería a las 40 semanas en promedio, tras extinguirse la subida temporal que otorgaba unas 73 semanas de cobertura.

La combinación de la brutal subida de impuestos con ciertas reducciones del gasto público supondría un ahorro de entre 450.000 millones y 600.000 millones de dólares al estado en su primer año que, según la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO), provocaría una reducción del 3,9% del PIB frente al crecimiento del 2% que se le estimaba. Este efecto negativo sobre la economía estadounidense provocado por la combinación de dichas políticas y el frágil momento de recuperación económica es el llamado “fiscal cliff”.

¿Cómo se ha evitado?

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Barack Obama explicando el acuerdo alcanzado

Para evitar el fiscal cliff, republicanos y demócratas debían alcanzar un acuerdo antes del 1 de enero de 2013 (fecha en la que entrarían las medidas en vigor), pero no era fácil ya que ambos partidos exigían cosas distintas. Finalmente, se alcanzó un acuerdo la madrugada del día 2 (incluso consideraron que al ser el día 1 festivo, el acuerdo llegaba a tiempo) con los siguientes puntos clave: los que cobren más de 400.000 $ pasarán a pagar el 39,6% (frente al 35% anterior), el impuesto sobre los rendimientos de capital (ahorro) pasan del 15% al 18,8%, se prorroga un año el subsidio por desempleo de emergencia, no se prorrogan las rebajas temporales de las retenciones sobre los salarios, y se aplaza dos meses el recorte automático del gasto público previsto.

Con este acuerdo se ha conseguido esquivar el fiscal cliff, pero sólo eso, esquivarlo. No es ni de lejos lo que necesita Estados Unidos, sino un parche temporal con el que se ha evitado un mal mayor. Prueba de ello es el hecho de que se haya acordado a última hora y con alguna trampa en el calendario y, sobre todo, eso de que se aplazan dos meses los recortes de gasto previstos, es decir, que como no han llegado a ningún acuerdo en ese tema y el tiempo se acababa, lo dejan para marzo. Habrá que ver ahora si en los enfrentamientos de los próximos meses entre demócratas y republicanos (que los habrá), se toman medidas definitivas o no.

Autor: Miguel Martín Llorente

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El sistema de pensiones español, su sostenibilidad y la alternativa

Hace pocas semanas el gobierno anunció que este año no revalorizará las pensiones para asegurar su sostenibilidad, noticia que ha provocado muchas críticas. Pero, ¿sabemos cómo funcionan las pensiones en España?  En este artículo veremos su funcionamiento, analizaremos su sostenibilidad y propondremos una alternativa.

En España, el sistema vigente es el llamado “de reparto” y consiste en que los actuales trabajadores activos pagan (mediante impuestos) la pensión de los actuales jubilados, y la jubilación de los actuales trabajadores (futuros pensionistas) las pagarán los futuros trabajadores activos. La principal ventaja de este sistema es que es universal, ya que una vez llegados a cierta edad, todo el mundo tiene derecho a una pensión, haya contribuido mediante impuestos durante sus años trabajados o no (pensiones no contributivas). Por el contrario, la principal desventaja es que la pensión de los jubilados depende de que haya un número suficiente de cotizantes para pagarlas. Este hecho no suponía un problema en el momento de su implantación pero, pasados los años, observamos que la esperanza de vida ha aumentado considerablemente, no siendo así la edad de jubilación, con lo que ahora se pagan pensiones durante más tiempo y a más jubilados por cada activo que cotiza. No es difícil adivinar que, en un futuro no muy lejano, este sistema no será sostenible ya que las previsiones para 2050 son de un 38,3% de la población mayor de 60 años (frente al 22,7% actual). Sin embargo, para que sea sostenible, se pueden adoptar medidas como aumentar la edad de jubilación (reducir el periodo que un jubilado percibe pensión y aumentar el de su cotización), reducir la cuantía de la pensión o aumentar considerablemente los impuestos a los trabajadores, aunque no parecen soluciones muy atractivas.

La alternativa a este sistema es el de “capitalización”, que consiste básicamente en que cada trabajador posee una bolsa creciente (crece año a año) con el dinero que él mismo va ahorrando, de manera que cuando se jubile recibirá dicha cantidad, ya que lleva su nombre y apellidos. Las principales ventajas de este sistema son que no depende de que otros trabajadores coticen lo suficiente y, sobre todo, que no existe una edad de jubilación, ya que cada trabajador se jubila cuando cree que tiene ahorrado lo suficiente para vivir bien el resto de su vida. Otra ventaja es que, si el individuo muere antes de recibir la pensión o cuando le queda una parte, esa cantidad la puede dejar en herencia a su familia, evitando que su esfuerzo se pierda en las cuentas del estado (como ocurre con el sistema vigente). Por el contrario, la principal crítica que se alega contra este sistema es su carácter insolidario, debido a que las personas que no hayan trabajado lo suficiente no recibirían una pensión digna. Contra esta crítica, lo primero que cabe decir es que, la solidaridad, en el momento en que es impuesta por la fuerza pierde su significado, por lo que ese adjetivo sería erróneo, y que además, si una persona desease realizar actos realmente solidarios y altruistas, podría hacerlo perfectamente. Y lo segundo y más importante es que no es incompatible con un fondo público que provea a los más necesitados de la cantidad necesaria para disfrutar de una buena pensión, mediante una contribución mínima de todos los ciudadanos a dicho fondo.

Vistos los dos sistemas, parece claro que el sistema idóneo sería uno mixto, basado en un sistema con un fondo público que garantice un mínimo a todos, y uno de capitalización en el que cada trabajador vaya ahorrando día a día lo que crea conveniente y que le permita jubilarse cuando él desee, como ya ocurre en países como Suecia o Chile, en donde nadie (ni derecha ni izquierda) tiene ninguna pega.

En España parece complicado implementar este sistema mixto, ya que el de reparto es considerado como una conquista social (y lo fue en su momento) y sustituirlo sería considerado, seguramente por desconocimiento de la alternativa, como un paso atrás. No obstante, aunque no lleguemos a cambiarlo en un medio plazo, cualquier persona que empiece su carrera profesional y que se huela lo que viene en los próximos tiempos (como un servidor) siempre podrá asegurar su jubilación mediante planes de pensiones privados independientes de la Seguridad Social, por si las moscas.

Autor: Miguel Martín Llorente

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¿Capitalismo o socialismo encubierto?

Esta semana se cumple el primer año del gobierno de Rajoy. Durante este tiempo, han sido muchos los que han criticado su forma de gobernar y las medidas que ha tomado, acusándole de que la situación actual está peor que cuando este gobierno llegó, y tienen razón. Muchos también critican el capitalismo ya que si un gobierno capitalista lo está haciendo peor, el capitalismo no funciona, y esto es lo que no es cierto. Debemos saber qué se está haciendo mal y no criticar con argumentos falsos fácilmente rebatibles. En este artículo recordaremos los conceptos de capitalismo y socialismo y analizaremos las políticas llevadas a cabo por Rajoy.

El capitalismo se define como un orden social en el que los individuos y las empresas llevan a cabo la producción y el intercambio de bienes y servicios de manera libre. De este modo, la oferta y la demanda del mercado establecen la distribución, el nivel de producción y el precio de los bienes y servicios. Para ello, el instrumento básico del que se sirve es el respeto de la propiedad privada de los individuos.

Por el contrario, el socialismo (actual) se define como el sistema en el que se establece un control de la sociedad mediante una planificación centralizada en el estado, que vela por asegurar que todos los ciudadanos disfruten de un bienestar similar independientemente del nivel de renta del que dispongan. Para ello, el instrumento básico del que dispone es la redistribución de la riqueza.

Simplificando, el capitalismo aboga por la libertad de individuos y empresas, tanto para lo bueno (ganar beneficio sin que el estado te quite la mitad) como para lo malo (tener pérdidas y que nadie te ayude), mientras que el socialismo defiende la redistribución de la riqueza, quitando parte de beneficio a los que ganan (mediante impuestos) para dárselo a los que lo necesiten (ya sean familias necesitadas o bancos quebrados). Como vemos, la gran diferencia entre ambas ideologías es el nivel de intervención del estado en la economía.

Tras estas definiciones, podemos encuadrar los distintos tipos de políticas según su ideología. Por ejemplo, políticas capitalistas básicamente serían aquellas en las que el estado disminuya su intervención, como bajadas de impuestos y reducción del gasto público (ayudas sociales, subvenciones, empresas públicas…) mientras que las políticas socialistas consistirían en aumentos de impuestos (para llevar a cabo la redistribución de la riqueza) y aumento del gasto público.

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Cristóbal Montoro, ministro de hacienda

Veamos ahora que tipo de políticas ha llevado a cabo el gobierno de Rajoy durante su primer año. Dicho ejecutivo ha aprobado 27 subidas de impuestos (IRPF, IVA, IS), ha aumentado el gasto público total previsto para 2013 un 5,6% respecto al 2012 (es cierto que ese aumento se debe principalmente a incrementos de intereses de deuda y pensiones pero eso no quita que la cifra total sea mayor, que es lo que importa a los inversores). También ha rescatado a la banca, es decir, ha “redistribuido” la riqueza de personas que ganan dinero hacia gente necesitada, los bancos. Aunque también se han tomado medidas como “flexibilizar” el mercado laboral o reducir algunas ayudas sociales, el balance global es claramente más cercano al socialismo que al capitalismo.

Pero, ¿no era nuestro gobierno capitalista (o liberal)?, ¿no se votó al PP para quitar un gobierno socialista (o intervencionista) del poder? Pues sí. Durante la campaña electoral, el PP criticó al PSOE por hundir el país con su socialismo, prometiendo cambiar el rumbo hacia una economía más liberal. Los ciudadanos les creímos, y pasado algo más de un año, podemos afirmar que no sólo no lo ha cumplido, sino que ha aumentado el nivel de intervención del estado en la economía empeorando la situación.

Por lo tanto, a partir de ahora, quien critique al actual gobierno por sus políticas “capitalistas” deberá pensar si realmente es tan socialista como cree, y quien le defienda…bueno, quien le defienda tal vez sea uno de esos incondicionales incapaces de pensar y de ver más allá del color del logo de su partido para darse cuenta de que el PP está llevando a cabo un socialismo encubierto.

Autor: Miguel Martín Llorente

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